El otro día, pensé que había perdido una receta de una medicina que necesitaba. Me dio pereza tener que coger otra vez cita para el doctor. Siendo hija de médicos, eché de menos privilegios con los que contaba en España como por ejemplo, no esperar colas en el ambulatorio o tener la facilidad de decir “mama, la receta”. En USA, son bastante estrictos y te encuentras con un no rotundo hasta para conseguir Zovirax para un simple herpes. Si no tienes receta, debes ir al medico a que te la de. Si no tienes seguro, tendrás que ir a alguna farmacia perdida por Hialeah dónde te darán mercancía de manera ilegal y mas cara.
Acostumbrada a que todo este automatizado en este país, me vino a la cabeza el envoltorio en el que me suministraron la anterior vez las medicinas. Recordé que había un código de barras, y algún que otro numerito, y pensé que quizás ahí existía la solución a mi problema.
Analicé el papel. Ponía el nombre de mi doctora, el numero de serie, el numero de reposiciones entre otros. Marque el número de teléfono que aparecía y me encontré con uno de esos contestadores automáticos, a los que por cierto, me he acostumbrado a atender a la fuerza, que paso a paso me iba guiando (nombre, fecha de nacimiento, seguro social y lunar de mi pie izquierdo) hasta preguntarme la hora a la que quería recoger mis medicamentos y el lugar.
Fui a la farmacia y ahí tenían mi paquetito listo. En seguida recordé que cada vez que vas a por una medicina con suscripción, te dejan esperando como 30 minutos. El tiempo que tardan en comprobar toda la información de tu seguro medico, dejar registrado el numero de entregas que tienen que darte, costo etc. Y no se me había perdido la receta. La había entregado y no había necesidad de que me la devolvieran ya que tenían todo guardado en el ordenador.
Después de tres anyos en este pais, me siguen sorprendiendo lo automatizadas que están las cosas. Algo que esta extendido a todo tipo de profesión y que desde mi punto de vista, es base cultural de USA.